jueves, 14 de abril de 2011

“Lo dejaron morir en la calle, como a un perro”

Patricia, cuñada de Humberto Ruiz, en diálogo con la Radio La Cantora narró en detalles qué fue lo que sucedió aquel martes 5 de abril con la vida de "Sapito", que fue extinguiendo detrás de la inmensa costra de negligencia y discriminación que envovlvió a los mal llamados profesionales  del SAMe. Esa mañana nadie quiso entrar a la villa y los vecinos sacaron a "Sapito" sobre una puerta para que diera su último suspiro a media cuadra, en su propio territorio

Los familiares de Humberto pidieron una ambulancia ubicados en la Villa 31 de Retiro y se encontraron conque la ambulancia del SAME se negó a ingresar al barrio, incluso hasta con custodia policial. El artículo de nuestro colega Horacio Cecchi dice que Sapito no murió por un paro cardiorrespiratorio sino que murió de discriminación. Patricia hoy nos va a narrar cuál es la realidad que están viviendo a nivel de la salud. No es un buen momento, pero han iniciado una lucha importante para todos los vecinos. ¿Qué fue lo que ocurrió con Humberto?
llegando tarde a la muerte
El día martes 5 de abril a las seis de la mañana empezó a convulsionar y todas las convulsiones que él tenía eran seguidas y yo a las seis y media más o menos llamé al SAME y me dicen: “bueno”, le di la dirección y todo, por qué tema era que yo pedía la ambulancia, me dicen “bueno, que vaya alguien a esperar al lugar donde pueda llegar la ambulancia”. Y yo salí, salí corriendo, fui a esperar desde las siete menos cuarto ahí parada hasta las siete y cuarto cuando yo veo pasar una ambulancia, que pasa a media avenida y me tiro a hacerles señas y señas y no paraba. Entonces, pensé que la ambulancia se iba hasta la comisaría a buscar un patrullero y desde ahí quince minutos más, eran ya y media y no llegaba la ambulancia, no llegaba. Eran siete y cuarenta y cinco y la ambulancia no venía.

 Agarré y llamé al 911, explicándoles que yo había pedido la ambulancia hacía más de media hora, que la ambulancia no aparecía y no aparecía. Entonces, me tomaron los datos, me volvieron a decir que ellos iba a hacer el llamado de vuelta. Cuando al rato me llama una operadora del SAME me dice: “la ambulancia hace más de veinte minutos que está parada en la comisaría”. Le digo: “pero señora, yo pedí para el correo viejo no para la comisaría” y ya a todo esto se estaba haciendo una hora. Y le digo “no da más; ya mi cuñado no da más. Se está muriendo con las convulsiones”. Entonces, dice: “Que vaya alguien a buscar la ambulancia para que la puedan traer hasta ahí hasta donde está usted”. Volví a correr, salí corriendo otra vez, me tomé un colectivo y fui hasta la comisaría.

Llego a la comisaría y en la comisaría no había ninguna ambulancia. Le pregunto al oficial y le digo: “Oficial, me dijeron que la ambulancia está acá” y me dice: “No, acá no hay ninguna ambulancia”. Aparentemente no tenían noción de lo que yo le decía. Pero le digo: “Hace más de una hora que yo pedí la ambulancia y la necesito urgente, se está muriendo mi cuñado”. Y ahí aparentemente el oficial llama al SAME otra vez y parece que le dijeron que estaba en algún destacamento que está acá dentro del barrio pero del otro lado. Y, después, a los cinco segundos me llama a mí una operadora del SAME diciéndome: “Señora, ¿usted no me entiende que está en el destacamento del correo viejo?”. Y yo le digo: “Si en el correo viejo no hay ningún destacamento. Estuve parada ahí toda la mañana. A todo esto ya hace dos horas que yo llamé”.

No sabía qué decirle, entonces me dice: “Señora, está ahí, en el destacamento del correo viejo”. Le digo: “Bueno, me están tomando el pelo, porque yo estoy de aquí para allá me mandan a la comisaría, yo estoy en la 46 y no sé a dónde más tengo que ir para pedir una ambulancia”. En eso corto y sale el oficial de ahí adentro y me dice: “Señora, volvimos a llamar a la ambulancia y el patrullero ya está yendo para el correo”. Y me dice: “¿Qué hace usted? ¿Va a ir a su casa a esperar la ambulancia o va hasta el correo?”. No le contesté nada, salí corriendo desde la comisaría hasta el correo. Corrí, corrí, corrí hasta que llegué al patrullero y al oficial de la patrulla le digo: “Oficial, ¿dónde está la ambulancia? Yo quiero a la ambulancia”. Y la ambulancia no aparecía y no aparecía. A todo eso y desde que habían vuelto a pedir ellos otra ambulancia ya hacía más de veinte minutos.

Cuando el oficial me dice “¿Por qué no lo va a ver a su cuñado a ver cómo está y después me viene a avisar?”. Salgo corriendo desde ahí y vengo hasta mi casa otra vez. Vengo a verlo cómo estaba y me desesperaba porque cada vez era más, era más, era más. Entonces, volví a llamar al 911 explicándoles y me dicen: “Bueno, ahora vamos a volver a llamar”. Cuando ellos vuelven a llamar al rato esperaba que me llamaran los del SAME y ya no me llamaban más. Entonces, yo entraba y salía y esperaba que venga la ambulancia. Viene mi cuñado y me dice: “Patricia, vino la ambulancia pero no quiere entrar, no quiere entrar, no quiere entrar.” Agarré, salí corriendo otra vez y lo encuentro al patrullero a mitad del camino

y me dijeron: “Señora, le dijimos que viniera pero no quiere entrar”. Entonces, voy hasta el correo otra vez donde está la ambulancia y le empiezo a decir a la doctora y al chofer que por favor entraran, que “está mi cuñado y se está muriendo de convulsiones”. Y le digo: “Doctora, ¿usted no sabe lo que es una convulsión? ¿Sabe lo que está haciendo?

-¿Cuando hablás de la Doctora hablás de Marcela Tella?

-Sí, de ella misma. Con la desesperación yo le digo: “Usted no es médica, no sabe lo que es una convulsión, usted no juró para atender a las personas”. Y ella lo único que me decía era: “Sí, pero no puedo hacer nada porque tenemos órdenes”. “Órdenes de qué”. “De no entrar ahí adentro, porque no podemos entrar, porque a mí no me pasaron casos pero le pasaron a mis compañeros”.


-¿Sabés quién le había dado la orden de que no entraran?

-Ellos decían que recibían órdenes. No decían de quién pero decían órdenes.

-Patricia: ¿En el transcurso de ese tiempo es verdad que te dijeron que lo arrimaras con una carretilla hasta la ambulancia?

-Sí. De la discusión de veinte minutos con el chofer y la médica yo salí corriendo con una desesperación y le dije: “Mire que yo le voy a hacer la denuncia por abandono de persona y discriminación”.

-¿Cómo llegó Humberto al hospital?

-No llegó ni al hospital. Cuando vuelvo otra vez, no sabíamos cómo hacer para salir. Salí corriendo otra vez y cuando llegué ya la ambulancia no estaba, no estaba el patrullero. El hermano lo saca a mi cuñado en una puerta hasta mitad de cuadra y se ofrece un vecino a ponerlo en el auto para acercarlo hasta el correo y cuando llega al correo ya llegaba sin respiración, sin nada.”


-El tuyo es el relato del horror por la pérdida de un familiar y encima en estas condiciones ¿Qué es lo que ustedes están haciendo en este momento? ¿Dónde radicaron la denuncia?

-Ya está hacha la denuncia por abandono de persona.


-En este caso hay una batería de responsabilidades impresionantes que van desde la doctora hasta el gobierno de la ciudad...

-Prácticamente lo dejaron morir en la calle, lo dejaron morir como a un perro, lo dejaron ahí tirado cuando ellos tenían que estar ahí con él.


-Patricia ¿esto se repite en el barrio que las ambulancias no quieran entrar, que los médicos no los quieran asistir? ¿esto viene pasando?

-Los vecinos dicen que estos últimos tres meses no querían entrar las ambulancias ni con el patrullero ni con nada. O sea que tenían órdenes de no entrar.


Por mi parte estoy agradecida a los vecinos que me dieron una mano aunque ya no lo tengo acá a mi cuñado. Lamentablemente fue así por el descuido de todos estos que no tienen nombre.

Fuente: La Cantora













No hay comentarios:

Ir arriba

ir arriba
Powered By Blogger