sábado, 16 de abril de 2011

Rafael Díaz, de famoso actor a héroe anónimo de Playa Girón - Ida Garberi

"...Cuando una causa, una idea, se hace conciencia de todo un pueblo, no hay fuerza en el mundo capaz de destruirla”  Fidel Castro Ruz

Una, de las muchas realidades de Cuba que me maravillan y me conmueven, es la sencillez de sus habitantes, que son capaces de contar historias absolutamente fascinantes y nobles como si fueran hechos normales de todos los días.

Rafael Díaz, nombre artístico de Raúl Evelio Díaz Delgado, en aquellos tensos días anteriores al ataque a Playa Girón, estaba trabajando en el circuito de radio CMQ como actor y decidió responder de inmediato al llamamiento lanzado por las Milicias Nacionales Revolucionarias para defender a su país.

“Era diciembre de 1960, cuando fui citado al estadio universitario, donde se fundó mi compañía de combate, la 19. Después, pasé la escuela de milicia en la finca Kuquine (15 días durante los cuales los milicianos recibíamos clases de armamento, tiro y táctica elemental de guerra). Allí me entregaron mi boina verde olivo como símbolo de graduación del curso después de haber resistido la marcha de los famosos 62 Km”.

Mientras Rafael me habla, sus ojos se iluminan y parecen visualizar los recuerdos de aquellos días de gran intensidad patriótica, me cuenta acerca del trabajo político-social en el Escambray, (me muestra una foto histórica que le sacó Jorge Ricardo Masetti, mientras Rafael enseñaba a leer a una campesina de dicho macizo montañoso del centro del país) durante la lucha contra bandidos. Luego vendría, el regreso a la capital, ya que se temía que ocurriera, en cualquier momento, el ataque cobarde de los mercenarios pagados por los Estados Unidos.

Para entender el ardor revolucionario de Rafael, hay que saber que nació en Agramonte, un pueblo de la provincia de Matanzas muy pobre antes del triunfo de la Revolución: aquí el joven, para mantenerse,tuvo que limpiar pisos, vender billetes de lotería y hacer de mensajero en una compañía de seguros.

“La Revolución me ha permitido ser quien soy, esta Revolución de los pobres y para los pobres tenemos que defenderla hasta las últimas consecuencias, y por todo eso tuve el honor de escuchar, aquel lejano 16 de abril de 1961 al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz proclamarle su carácter socialista, pues yo estaba en la histórica esquina de 23 y 12”.

Esa misma noche, el batallón de Rafael, el 120, se trasladó a Jagüey Grande, en espera de los combates.
“Allí vivía mi hermano y yo fui a verlo para saludar a toda la familia, y decirles que tuvieran fe, que la Revolución, seguramente, ganaría. Y a mí, si me tocaba morir, no era muy importante, porque yo tenía que defender lo más preciado que tenía el pueblo cubano: su Revolución”.

Rafael luchó valientemente, y junto a todos los milicianos cubanos, contribuyó a que los Estados Unidos sufrieran su primera derrota militar en América Latina, demostrándole al mundo que no son absolutamente invencibles e infundir esperanza en el continente.

El carácter humanista de la Revolución, se refleja en el gesto de Rafael, que cuando reconoció a uno de los mercenarios capturados, (el hijo de la familia que lo había tratado como a un esclavo antes de la Revolución), llamó a sus familiares para tranquilizarlos sobre la salud del joven.

A pesar de los malos recuerdos que le había dejado la familia aristócrata y el hecho de que el joven mercenario ni siquiera recordaba quién era Rafael, el actor miliciano sonrió y pensó en voz alta, puesto que entendía su presencia entre los mercenarios, pagados por los Estados Unidos: “Yo vine preparado para morir por mis ideales, pero tú regresaste a Cuba para tratar de recuperar tus intereses materiales”.

Antes de regresar a La Habana, para incorporarse a la vida de todos los días, Rafael fue a saludar a su Agramonte querida, con algunos de los compañeros del batallón: la ciudad los recibió como los héroes que eran, con un gran cariño y júbilo de familiares y vecinos.

De aquellos días de gloria Rafael me enseña, como recuerdos, las medallas conmemorativas que les entregaron en estos 50 años que han transcurrido y la foto que le sacó Jorge Ricardo Masetti, y me confiesa, con un toque de nostalgia, que su gloriosa boina verde olivo de miliciano es ahora admirada por los visitantes del Museo del Central Australia (sede de la Comandancia de la Fuerza Armada Revolucionaria durante el ataque a Playa Girón). “Cuando yo estuve allí para celebrar el 45 aniversario de la batalla, me preguntaron si donaría mi boina verde olivo... al momento me sorprendí y les pregunté si se daban cuenta de lo que me estaban pidiendo ... después; pensé y decidí que no había mejor lugar para ella que un museo tan importante.

Ahora que está allí, todo el mundo puede verla”.

“En La Habana, comencé de nuevo mi vida normal, participaba simplemente, sin hacer demasiado ruido, en todas las tareas que la Revolución necesitaba y necesita”.

Rafael, por modestia, no me dijo nada de su exitosa carrera como actor de Radio Progreso, en la que obtuvo numerosos premios, como el del Festival Nacional de la Radio, en el año 2004; el Sello de Laureado; la Medalla Raúl Gómez García; el Micrófono de la Radio Cubana, y el Sello 85 Aniversario, por sólo mencionar algunos.

“Mira, yo no podía hacer otra cosa, por ser un verdadero revolucionario me quedé aquí y sigo luchando cada día, no puedo bajar la guardia, porque yo soy Cuba, yo soy la Palma, yo soy la Revolución, que llegó a mi isla para quedarse para siempre”, concluyó emocionado

Raúl, Rafael o Evelio, como quieren llamarlo, el hombre con tres nombres, pero con un solo corazón, rojo intenso y eternamente rebelde.



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